Mi pasión por la educación ha sido de siempre; mis padres después de recorrer medio estado de Tlaxcala buscando encontrar la educación adecuada para mi hermano y encontrarse con malas experiencias y no querer pasar por lo mismo conmigo, decidieron abrir su propia escuela. Su objetivo era simple: dar la educación a los niños de Tlaxcala que ellos querían para sus hijos, la mejor.
Empezaron con un gimnasio para bebés, posteriormente abrieron el preescolar, la primaria y ahora la secundaria. En todo este proceso y aunque difícil de creer, tanto mi hermano como yo estuvimos ahí, obviamente no dando clases, pero siempre que yo salía de la escuela tenía que quedarme ahí hasta que mi mamá cerrara, por lo que tenía la escuela para mí, para explorar.
Aparte de la escuela, mi mamá es maestra de universidad, así que como bien suponen, siempre nos llevaba con ella. No siempre estábamos dentro de sus clases, a veces jugábamos fuera, recorríamos la universidad imaginándonos escenarios de todo tipo, bosques encantados, agencia de espías, etc, pero lo que más me gustaba era entrar a sus clases sentarme en su escritorio y ver como hablaba con sus alumnos, algunas veces me puso hacer actividades con ellos, cantar, decir adivinanzas, trabalenguas, y aunque era pequeña me sentía como toda una maestra.
En casa siempre jugaba con tener mi propia escuela, ponía a mis peluches hacer la tarea, les enseñaba, incluso abrí mi propio gimnasio para bebés, sí, como mi mamá.
Llegó mi momento de entrar a la preparatoria y lleve una materia llamada orientación educativa, ahí hablábamos sobre como nos veíamos en un futuro, muchos decíamos que queríamos ser lo mismo que nuestros padres por lo que la maestra dijo que no es necesariamente lo que todos teníamos que hacer, que a veces era porque nos sentíamos presionados de seguir los pasos de nuestros padres, por lo que entré en gran conflicto, verme como maestra era imposible, no quería estudiar nada que tuviera que ver con ello, en mi cabeza rondaba el comentario de que estudiar pedagogía sería solo para darle gusto a mis papás y como evidentemente estaba en la etapa de revelarme en contra de cualquier autoridad, la educación quedó eliminada dentro de mis opciones.
Me fui de intercambio un año a Polonia, para despejarme, ir por nuevos rumbos, explorar y conocerme, pero cuando regresé a México había una sola cosa que no había podido resolver: ¿qué quería estudiar? mis papás decidieron darme un semestre sabático para pensarlo mejor.
Siempre he sido una persona activa, me gusta estar haciendo cosas por más mínimas que sean, así que una vez más decidí apoyarles a mis papás en la escuela, revisar libros, hacer inventarios, leer las planeaciones y un día se me ocurrió una idea, la maestra que atendía el gimnasio para bebés dejó de trabajar con nosotros, mi mamá prácticamente se tenía que dividir en dos para dar clases en el gimnasio para bebés, ir a la universidad, y llevar las cosas de la escuela, por lo que decidí apoyarla, me sabía las canciones de memoria, sabía que actividad era para que necesidades del bebé, sabía que hacer, le planteé la idea a mi mamá y ella accedió.
Poco a poco me fui dando cuenta que me encantaba estar con los niños, cantar con ellos, jugar, saltar, pintar, hacer de todo, en mi cabeza rondaba una vez más el pensamiento de querer estudiar pedagogía pero aún había algo que no me lograba convencer del todo. Me senté con mi mamá, le dije que me gustaba estar con los niños pero que no me veía dando clases toda mi vida, y que lo que decidiera estudiar tenía que ser algo en lo que me viera a futuro, no quería ser solo una maestra y ya, quería hacer más, y contrario a lo que se podría pensar, mi mamá me dijo -¿sabes qué es la pedagogía?¿sabes qué puedes hacer con ella?, puedes hacer lo que tú quieras siempre y cuando así lo desees.
Mi corazón latía rápido el día que me inscribí en la universidad, estaba dando un paso grande en mi vida, lo que definiría mi futuro, tenía miedo de que lo que había decidido no fuera lo que realmente quería y tengo que confesar que el sentimiento llega aparecer uno que otro día, pero siempre que empiezo a dudar recuerdo el gran ejemplo de mi madre, lo que ha logrado, todo lo que ha construido, quien es ahora, y quien quiero ser, y entonces se me olvida y me concentro simplemente en disfrutar porque se que a pesar de todos los obstáculos por los que pasé para decidir mi carrera, en mi mente y en mi corazón la pedagogía siempre fue lo que me apasionó.

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